miércoles, 17 de enero de 2024

Se cumplen 62 años de esta carta de Juan Perón al Ingeniero Alberto José Iturbe.

 



Carta al Ing. Alberto J. Iturbe 17 de enero de 1962. 


Escrito por Juan Domingo Perón. 


Madrid, 17 de enero de 1962.


Al Ing. Alberto J. Iturbe


Buenos Aires.


Mi querido amigo:


Como a Usted le consta, había deseado permanecer ajeno al problema de las candidaturas de la Provincia de Buenos Aires, pero han sido tantas las gestiones que se han realizado ante mí, ya sea personalmente como por carta, que han terminado por comprometer mi opinión sin que yo mismo me haya dado, cuenta. En efecto, los viajeros, emisarios, "informados", pe­riodistas, y toda la gama de la fauna que se mueve, con interés o sin él, detrás de las candidaturas, me han hecho decir tantas cosas que ni siquiera se me ha ocurrido pensar, que considero necesario que les haga llegar mi pensamiento y mi palabra al respecto a fin de que Ustedes no sean engañados como parece ocurrir con todos los demás.


Como según mi información, todas las candidaturas del Frente Justicialista que se han estado agitando hasta ahora, llevaban como segundo término al compañero Andrés Framini, se me ocurrió hace tiempo hacerle decir que se hiciera un viaje por España sabiendo que Framini no quería saber nada de ser candidato, lo que se explica por su natural desinterés personal y su función sindical. Sin embargo, su predicamento personal en el Movimiento, ha movido a todos los que se candidatean a proponerlo en segundo término ¿Por qué? Siendo la Provincia de Buenos Aires y, especialmente el cinturón del Gran Buenos Aires, sectores obreros, sabían que Framini arrastraría allí inmensa cantidad de votos. En otras palabras, Framini era "el caballo y el otro el jinete".


En mi concepto, en las elecciones de Buenos Aires, no interesan los candidatos sino el Movimiento y cada peronista debe pensar que de ello se infiere la necesidad de llevar una fórmula que, no siendo resistida por nadie, permita acopiar el mayor número de votos que se suman a los que el Peronismo asegura por sí. Ninguno de los candidatos reúne tales condiciones en la medida que las reúne Framini. En consecuencia, nada parece tan natural como que la fórmula esté encabezada por este compañero, llevando en segundo término a uno de los tantos candidatos que se mencionan.


Las organizaciones obreras que tan decisivas son en esta situación han observado a algunos de los candidatos posibles de la línea política por carecer de predicamento en algunos casos y por tener franca oposición en otros. En tales condiciones, no es aconsejable insistir en ellos, y menos aún cuando la voluntad puede estar dependiendo de la voluntad obrera de votarlos. Por otra parte, las organizaciones sindicales peronistas saben que Framini es el mejor candidato en la emergencia y consideran injusto que este compañero sea relegado.


Yo no creo que en la Provincia de Buenos Aires se le permita la concurrencia al Justicialismo y estoy persuadido de que el "gobierno" sólo permitirá la concurrencia peronista en el caso de que esté convencido que ha de perder las elecciones o en el caso que el candidato peronista esté de antemano "acomodado" con el "gobierno". Lo más probable es que se nos tenga en la incertidumbre hasta el último día y se aproveche esta situación para dividirnos y descomponernos, como lo han hecho en Santa Fe contando con la colaboración de algunos dirigentes peronistas.


Si el "gobierno" vetara la candidatura de Framini enfrentaría el repudio de toda la clase trabajadora que, por sentido clasista, debe apoyarla. Yo estoy seguro que si tenemos en Buenos Aires alguna probabilidad de ganar la elección será solamente con esta candidatura y, por lo tanto, considero que el "gobierno" no la ha de permitir para lo que ha de recurrir a cualquier expediente lícito o ilícito, que es lo que más nos conviene a nosotros. Si, en caso contrario, la permite, estaremos en las mejores condiciones de hacer una buena elección.


Si realmente los compañeros que encabezaban fórmulas tienen interés en el triunfo del Movimiento Peronista, no tengo la menor duda de que no han de tener inconvenientes para figurar en segundo término en lugar del primero. Si no es así, habrán demostrado que sólo los guía el interés personal y no la buena marcha del Movimiento. Esta es una hora de renunciamiento y no de intereses mezquinos porque la suerte del Peronismo está comprometida.


Venciendo los escrúpulos del compañero Framini lo he convencido para que acepte ser candidato a Gobernador de la Provincia de Buenos Aires y él se ha comprometido a hacer lo que yo disponga al respecto. En ese concepto le he indicado la necesidad de que así sea. Ha conversado largamente conmigo y él le podrá completar todo lo referente a este asunto, tanto para el caso de que se pueda concurrir como para el de ser vetado por el "gobierno" o no poder concurrir en ninguna forma en la convocatoria prevista. El también le informará sobre lo que se refiere a los fondos necesarios para la campaña. Le ruego que salude a todos los compañeros.


Un gran abrazo.


Firmado: Juan D. Perón.


lunes, 23 de enero de 2023

El inolvidable líder colombiano, Jorge Eliécer Gaitán, nacía hace 120 años

 




Jorge Eliécer Gaitán Ayala nació en Bogotá, el viernes 23 de enero de 1903. Fue un político y jurista colombiano, alcalde de Bogotá en 1936, ministro (Educación en 1940 y Trabajo en 1944), congresista (varios períodos desde 1929 a 1948) y candidato a presidente del Partido Liberal a la Presidencia de la República para el período 1946-1950. Su asesinato en Bogotá produjo enormes protestas populares conocidas como El Bogotazo.



El año de nacimiento de Jorge Eliécer Gaitán, así como otros datos de su vida, son difíciles de establecer con absoluta precisión. Aunque existe una partida de nacimiento del 23 de enero de 1903 y una partida de bautismo del 26 de enero del mismo año, otros documentos personales como pasaportes, cédula, al igual que su diploma de la Real Universidad de Roma, datan el 26 de enero de 1903 como su fecha de nacimiento, en cuanto a su lugar de nacimiento existen varias teorías, unos historiadores afirman que el nació en Bogotá pero otras fuentes generan controversia ubicando el lugar de nacimiento de Gaitán en el municipio de Cucunubá ubicado en Cundinamarca.


Hijo de la profesora Manuela Ayala y el librero Eliécer Gaitán Otálora, en 1919 inició estudios superiores en la Universidad Nacional de Colombia donde se tituló como Doctor en Derecho y Ciencias Políticas el 29 de octubre de 1924 con la tesis titulada "Las ideas socialistas en Colombia".


Para 1926, con apoyo de su hermano Manuel José Gaitán, adelantó su doctorado en jurisprudencia en la Real Universidad de Roma y en 1927 su tesis "El criterio positivo de la premeditación", Magna Cum Laude, le significó graduarse con honores. Fue entonces elogiado y apreciado con el premio que llevaba el nombre de su profesor más cercano: Enrico Ferri.


Una vez en Colombia, lideró en el Congreso de la República un debate entre el 3 y el 6 de septiembre de 1929 por el asesinato de un número aún no determinado de trabajadores de la United Fruit Company en la región de Ciénaga, en el departamento del Magdalena. Los obreros exigían condiciones laborales (hasta entonces inexistentes) y un trato justo por parte de sus contratistas. La matanza de estas personas es conocida en la historia del país como la masacre de las Bananeras y es citada en la novela Cien años de soledad, de Gabriel García Márquez. Este gesto le valió a Gaitán el título de "Tribuno del Pueblo".


En 1931 fue elegido presidente de la Cámara de Representantes y ejerció también como catedrático de Derecho Penal en la Universidad Nacional y en la Universidad Libre (Colombia), de la que fue nombrado rector, cargo que ocupó entre 1936 y 1939. Se configuró como representante de la clase media y de aquellos que estaban fuera de la vida pública porque los unió a través de sus discursos cargados de emoción e ilusión. Criticó también el orden "convivialista", donde la política se practicaba en círculos cerrados, es decir, que sólo unas cuantas personalidades decidían el futuro del país, allí donde se encontraba concentrada la oligarquía que mantenía dominado cada ámbito de la vida en el país.


En 1933 fundó el movimiento político "Unión Nacional de Izquierda Revolucionaria" (UNIR) y su órgano periodístico "El Unirismo", que poco tiempo después disolvió para vincularse al Partido Liberal, desde donde planteó la necesidad de una reforma agraria.


En 1937 nació su única hija Gloria Gaitán, fruto de su matrimonio con Amparo Jaramillo. Seducido por los dirigentes tradicionales del Partido Liberal se posesionó como alcalde de Bogotá en 1936, adelantó reformas sociales, promovió la municipalización de los servicios públicos y trató de establecer los restaurantes o comedores escolares. Otras iniciativas suyas no gozaron de la aprobación popular como las de prohibir el uso de la ruana, las alpargatas, uniformar a los lustrabotas y a los conductores de taxis quienes con un paro y bloqueo de vías, presionaron por su renuncia. En 1940 el presidente Eduardo Santos Montejo lo nombró ministro de Educación, desde donde emprendió una campaña de alfabetización, implantó el zapato escolar gratuito, los restaurantes escolares, el cine educativo ambulante, la extensión cultural masiva e inició el Salón Nacional de Artistas. En los años siguientes Gaitán continuó su intensa vida pública como jurista, político y caudillo. Su acción política se dirigió contra la oligarquía y por la restauración moral


Lucha por la Presidencia


En las elecciones presidenciales de 1946 el Partido Liberal se dividió entre las candidaturas de Gabriel Turbay (apoyado por el sector oficialista del partido) y Gaitán mas proclive a la izquierda (apoyado por los sectores populares) y dicha división facilitó el ascenso del conservador Mariano Ospina Pérez. En las Elecciones legislativas de Colombia de 1947, en donde logró una mayoría indiscutible en el Senado (35 senadores liberales "22 gaitanistas-13 directoristas" y 28 conservadores) y en la Cámara (74 representantes liberales "44 gaitanistas-30 directoristas" y 57 para conservadores). El 24 de octubre de 1947 Gaitán fue proclamado jefe único del Partido Liberal. A inicios de 1948 al saberse la noticia de la masacre de varios liberales en varios pueblos del país a manos de conservadores, Gaitán organizó varias marchas entre las que se conocen como la "marcha de las antorchas" y sobre todo la "Marcha del Silencio" donde eleva una plegaria al Presidente Ospina para que ayudara a cesar La Violencia y donde eleva unas horas del silencio donde solo se oían banderas y pancartas movidas por el viento.


En 1 de abril de 1948 recibió el título de doctor honoris causa en Ciencias Políticas y Sociales de la Universidad Libre. El 8 de abril de 1948 presentó su último caso legal: la absolución del teniente conservador Jesús Cortés; un militar acusado de la muerte del periodista Eudoro Galarza Ossa.


Asesinato


El viernes 9 de abril de 1948, tras defender hasta bien entrada la noche al teniente Jesús María Cortés en los tribunales, Gaitán reposó y luego salió al mediodía del viernes 9, en compañía de varios amigos desde el Edificio Agustín Nieto (su sitio de trabajo) para almorzar en el Hotel Continental y a la espera de varias reuniones que tendría ese día. Un hombre, hipotéticamente, Juan Roa Sierra, lo esperaba en la entrada del edificio y disparó en su contra con un revólver, causándole heridas mortales.


Gaitán fue llevado a la Clínica Central, donde murió cerca de las 2:05 de la tarde. El asesinato provocó una violenta reacción popular y represión gubernamental conocida como El Bogotazo que destruyó 1425 edificaciones del centro de Bogotá.


La violencia por el magnicidio no se concentró solo en la capital, también en ciudades importantes cercanas a Bogotá como Zipaquirá. Los municipios y regiones gaitanistas reaccionaron en igual o mayor proporción y en casos como Barrancabermeja, la situación se extendió por más de un mes.


En su agenda, para la tarde del día de su asesinato, tenía fijadas reuniones entre ellas con el entonces joven líder estudiantil cubano Fidel Castro y con el político Rómulo Betancourt.


Momentos después


El aparente asesino, fue linchado, amarrado con corbatas por la carretera Séptima hasta la Plaza de Bolívar. Desde ese momento la multitud creció en cuestión de minutos; ante la arremetida del ejército, los espontáneos se atrincheraron esperando las órdenes de los jefes liberales que pretendían reunirse con el presidente Mariano Ospina Pérez. A medida que avanzaba la tarde, la turba fue armándose con herramientas y armas irrumpiendo en almacenes de ferretería y en estaciones de policía donde algunos oficiales entregaron sus armas.


La defensa del Palacio de La Carrera (denominación de la actual Casa de Nariño) por la guardia presidencial y francotiradores no identificados, localizados en las edificaciones más altas cercanas a palacio, entre estas las iglesias, impidieron que la multitud entrara al lugar donde se hallaba el Presidente. Una posible demora en entrar en acción por parte de quienes conducían los tanques de guerra, hubiera facilitado la entrada al Palacio de los manifestantes ya que a la Guardia se le estaba terminando la munición.



La multitud daba paso a los cinco tanques de guerra que fueron dirigidos al lugar pues creía que estaban apoyando su causa, y muy probablemente así fue hasta el momento en que fue muerto el Coronel que los comandaba poco antes de llegar al Palacio. Una vez en la plaza, los tanques giraron y dispararon a la multitud masacrando a unas 300 personas y de esta manera frustrando su plan.


A Gaitán no se le pudo hacer un funeral adecuado y sus familiares en gesto de protesta se negaron a llevarlo a un cementerio hasta que el gobierno de turno cayera, velándolo en su propia casa. En la actualidad su cuerpo se encuentra en la que fue su última residencia de la calle 42 No. 15-52 de Bogotá (Casa Museo Jorge Eliécer Gaitán) un sitio de acceso público. Posteriormente, la violencia bipartidista se extendería a otras regiones durante la época conocida como La Violencia. Por su parte Carlos Lleras Restrepo encabeza un funeral simbólico en el Parque Nacional de Bogotá. Lleras luego sería elegido presidente de Colombia para el periodo 1966-1970.


Jorge Eliécer Gaitán Ayala contribuyó también a la fundación de medios alternativos de comunicación, como el periódico Tribuna, fundado con su amigo Luis David Peña, un bogotano que acompañó a Gaitán en los ministerios que ocupó.


Homenajes


La figura de Gaitán se mantiene vigente en Colombia. Esto se puede ver en los monumentos que están a lo largo de las poblaciones colombianas, considerándose que después de Simón Bolívar, Gaitán es la persona con más monumentos en Colombia; el municipio Puerto Gaitán, fue llamado así en su honor, y el teatro en Bogotá; incluso el billete de $1.000 pesos tiene imágenes y frases de Gaitán. El arquitecto Rogelio Salmona realizó en los 80 El Centro Cultural Jorge Eliécer Gaitán "Exploratorio Nacional", complejo proyecto arquitectónico dirigido por Gloria Gaitán hija del líder político que ha dedicado su vida a mantener y actualizar el legado visionario de su padre; el proyecto en la actualidad aún no ha sido construido en su totalidad y su culminación es incierta.


martes, 30 de noviembre de 2021

Hace 77 años Perón hablaba en San Andrés de Giles: " La revolución ha de actuar en lo político, en lo económico y en lo social."

 DISCURSO PRONUNCIADO EN EL ALMUERZO DEL PRADO ESPAÑOL DE SAN ANDRES DE GILES Juan Domingo Perón [30 de Noviembre de 1944]





Excelentísimo señor interventor de la provincia de Buenos Aires; señoras, señores:

En, primer término deseo hacer llegar a ustedes un muy afectuoso saludo del excelentísimo señor presidente de la Nación, general Farrell, quien, al despedirme en la Capital Federal, me dijo: “Le ruego señor coronel, quiera presentar al pueblo de San Andrés de Giles mi saludo afectuoso como adhesión firme y sincera de mi corazón de gobernante”.

En segundo término, agradezco, señores, las amables palabras del señor interventor de la provincia de Buenos Aires y viejo amigo, el señor general Sanguinetti, como así también a las amabilísimas palabras del señor comisionado municipal, quienes constituyendo el gobierno directo de ustedes no sólo hacen honor a los postulados de la revolución sino al gobierno de la Nación.

En presencia de las numerosas damas que me escuchan quiero rendir el homenaje que los hombres del gobierno deben a las mujeres de la patria, que han sido las forjadoras de los héroes de nuestra libertad, de nuestra independencia y de nuestra soberanía. Esta revolución ha encontrado en la mujer argentina, un eco que muy pocos hechos de nuestra historia hallaron en ella. Este hecho es para nosotros auspicioso porque si el hombre es racionalista, la mujer posee por sobre el racionalismo masculino una intuición que es siempre superior en aciertos a todos los éxitos que los hombres podamos conseguir. Por tal motivo rindo este homenaje a las mujeres de mi patria, en quienes los hombres de la revolución hemos encontrado un eco que nos llena de satisfacción y de orgullo.

La revolución no ha sido ni es en modo alguno enemiga de la libertad de los argentinos. Se la ha presentado como un dique a ciertas libertades, a las que he calificado de licencias. Nadie en el territorio de la República ha gozado época alguna de mayor libertad de la que hoy disfruta.

Se ha dicho, también, que estamos contra el régimen republicano democrático que rige nuestras instituciones y de nuestra Constitución. Nada más inexacto.

Estamos realizando la verdadera demacrada sin mentiras y sin fraudes. En virtud de estas razones es que hemos podido dar a la revolución el contenido social de todo movimiento de masa, porque no estamos comprometidos ni aferrados a ningún sentimiento espurio, a ningún interés personal ni de secta. Servimos a la patria porque tenemos una sola ideología: la patria. No nos guía ningún otro móvil político que no sea el bien del país.

Entendemos que la justicia social ha de estar respaldada por una potente economía. Se nos acusa de hacer demagogia. Quien eso afirma miente a sabiendas, porque estamos procurando desterrar de este país extraordinariamente rico la explotación del hombre por el hombre. No es posible que en esta bendita tierra argentina pueda la riqueza de algunos cimentarse sobre la desgracia y pobreza de los demás. Entendemos que debe establecerse una línea de la vida fijada por un salario básico. Actualmente por debajo de esa línea están los sumergidos que ganan menos de lo que necesitan para atender a las necesidades de su vida y se ven entonces obligados a sacrificar su salud para compensar la falta de dinero que les permitiría vivir con dignidad. En cambio, por encima de esa línea existen los emergidos, los que viven con exceso, pero que por ser argentinos tienen la obligación de sacrificar un poco de su excesiva riqueza para dar a los que me he referido antes, que se ven obligados a minar sus energías para poder vivir.

Se nos ha dicho, también, que estamos provocando el inflacionismo. Yo les explicaré en pocas palabras cuál es nuestra inflación.

Cuando me hice cargo de la Secretaría de Trabajo y Previsión, los precios comenzaban a subir. Seguramente nuestras vacas empezaban a valer más porque comían pasto alemán o inglés a causa de la guerra; nuestro trigo iba subiendo en precio porque las semillas habían sido plantadas en tierra de algún país beligerante. Estudiando el problema caí en la cuenta que los precios no aumentaban por la guerra sino por la especulación. Entonces yo dije: señores las leyes económicas fijan que cuando los precios suben y el aumento se justifica en el valor adquisitivo de los artículos, especialmente de primera necesidad es necesario aumentar los sueldos y salarios para que la gente pueda comprar lo indispensable para vivir. Así vinieron las primeras mejoras en los sueldos y salarios que hoy se han generalizado en todo el país. Si los precios no están justificados en su aumento por un mayor costo de producción; de circulación o de consumo, las leyes económicas establecen que por ley deben fijarse los precios. Por ello es que hemos iniciado una política de baja general de precios para colocarlos en su nivel normal porque no es aceptable ni se justifica el alza de los artículos de primera necesidad porque en Europa se esté desarrollando una guerra.

Como se ve, hemos llegado a esta situación: aumento de sueldos y salarios y ahora rebaja de precios.

Se me dice que la inflación por el aumento de los sueldos y salarios va a producir un inconveniente. Nada más inexacto, interesado y especulativo.

La República Argentina produce en estos momentos el doble de lo que consume, es decir, la mitad de lo que se produce sale al exterior. Yo me pregunto si cuando termine la guerra será posible seguir colocando nuestros productos en Sudáfrica, Canadá, Centro o Suramérica, en competición con Estados Unidos, Inglaterra, Francia, Rusia, etcétera. Cuando ya no sea posible exportar, si consumimos sólo el cincuenta por ciento, ¿cuál será la situación de nuestra industria de nuestra producción? Habrá una paralización del cincuenta por ciento y veremos un millón de argentinos desocupados que no tendrán en qué trabajar y con qué vivir. No habrá otro remedio que aumentar el consumo. Y el consumo en una circunstancia tan extraordinaria como la que se nos va a presentar solamente podrá aumentarse elevando los sueldos y salarios para que cada uno pueda consumir mucho más de lo que consume actualmente y permitiendo que cada industrial, cada fabricante, cada comerciante pueda a su vez producir lo mismo que hoy sin verse obligado a parar las máquinas y a despedir a sus obreros. Los organismos del Estado se hallan abocados al estudio de estas posibilidades.

El estatuto del peón, que ha sido un poco resistido, es una medida de gobierno indispensable. La revolución no hubiera podido justificarse ante la historia sino hubiera impuesto que cesara la terrible situación del peón de campo. Hoy día, en Entre Ríos y Corrientes, hay peones que ganan doce pesos por mes. Yo me pregunto si con doce, veinte o treinta pesos puede vivir un hombre y mantener a su familia. Sostengo que tal situación es peor que la esclavitud misma, abolida por nuestra Constitución en el año 1813. Es peor, señores, porque un peón que gana treinta pesos por mes cuando llega a viejo es arrojado de la estancia para que se muera en el campo como un caballo; en cambio, antiguamente, a los esclavos el amo tenía la obligación de tenerlos hasta que se murieran, en su casa.

No hemos querido con el estatuto del peón forzar a nadie para que haga lo que no puede hacer. Aspiramos a que paulatinamente todo el que tenga un peón a su servicio le vaya mejorando las condiciones de vida hasta lograr la estabilización de un standard de vida que permita a ese hombre vivir, tener su casa y sostener, su familia, condiciones indispensables para cualquier ser humano. Me doy cuenta que este desiderátum obligará a mayores gastos, pero se convendrá conmigo que la situación angustiosa del peón debía tener solución.

Sabemos, también, que los hombres que trabajan la tierra reclaman mejoras y aspiramos a establecer definitivamente que en este país se considere inaceptable que la tierra sea un bien de renta, sino que debe pertenecer al que la fecunda con su esfuerzo. No podemos realizar este propósito de una sola vez, pero les prometo que encarado y resuelto el problema de la tierra no habrá un solo argentino que no tenga derecho a ser propietario en su propia patria.

Señores: la revolución no es un hecho intrascendente. La revolución ha de actuar en lo político, en lo económico y en lo social. En lo político hemos de llevar al país a una avanzada por la que llegarán al gobierno los hombres de talento, pero de talento calificado por la virtud. En lo económico hemos de equilibrar la economía de tal forma, que sin perjudicar a los que trabajan con su capital se beneficie a los que contribuyen con su esfuerzo y con su músculo. En lo social, pretendemos que no haya un solo argentino que sea un desheredado que se arrastre por los caminos, sino que tenga el derecho y el honor de ganarse la vida con el sudor de su frente, en esta tierra en la que debemos dar gracias a Dios por haberle dado tantos bienes a manos llenas.

Los que tenemos el honor de haber nacido en esta provincia sabemos Buenos Aires ha sido el motor que ha dado fuerza, que ha tomado la iniciativa en todos los tiempos de nuestra historia, Ella proclamó la libertad, fue la que hizo frente al enemigo exterior y la que al frente de las catorce provincias argentinas llevó el pabellón de la patria con honor en todas las guerras y en todos los hechos de la historia argentina.

El que ha nacido en esta provincia ostenta un insigne honor. Cuando al general Juan Lavalle, en la mesa de Bolívar, le preguntaron de dónde era contestó: “Soy de Buenos Aíres.” Bolívar le replicó: “Se conoce por el aire altanero con que ha contestado.” Lavalle agregó: “Ese es el aire de los hombres libres.”

Buenos Aires, cuna de nuestra libertad y de la mayor parte de nuestras glorias, tiene también la responsabilidad de la dirección del país. Ustedes, como nosotros, llevan la responsabilidad del gobierno y cada uno de los hijos de Buenos Aires ha de sentirse un engranaje indispensable para el futuro de la patria. Si algún día fuera necesario jugarse para salvar la libertad, para salvar nuestra patria, entonces Buenos Aires formará sus batallones como antaño y marchará a la cabeza de la Nación.

Agradezco el recibimiento que se me ha tributado y lamento extraordinariamente, que obligaciones ineludibles en Buenos Aires no me permitan seguir gozando de esta magnífica reunión de San Andrés de Giles, pero invoco a Dios para que haga caer los manes de la abundancia y del honor.

JUAN DOMINGO PERÓN

miércoles, 4 de diciembre de 2019

Hace 75 años Perón hablaba a los compañeros empleados de comercio




DISCURSO DANDO A CONOCER EL DECRETO DE JUBILACIÓN DE LOS EMPLEADOS DE COMERCIO 
Juan Domingo Perón 
[4 de Diciembre de 1944]


Señores: He aquí un hecho más de los que algunos políticos argentinos han dado en llamar “nuestra demagogia”.
La previsión social en decretos como el que nos ocupa, estructura y elabora el futuro del país, en la más noble y desinteresada concepción de la solidaridad humana y nacional. Por eso se inspira en la necesidad orgánica de protección estatal a la vejez o la invalidez; se afirma en el sentimiento de justa recompensa al esfuerzo y trabajo individual y se nutre en el espíritu de cooperación y hermandad nacional que propugnamos. Por eso esto también es justicia, previsión y es cristiano amor al prójimo.
El Estado no puede ser testigo silencioso e inoperante en la angustia que primero al hombre, luego a su hogar y, finalmente, destruya la comunidad. Debe intervenir rápida, eficaz y enérgicamente, si quiere ser decisivo. Debe compenetrarse del dolor humano y buscar remedios apropiados para los males de la sociedad, cuyo destino rige. Ha de realizar una política de seguridad social y encauzarla por vías que vayan directamente a las necesidades propias de la actividad que la previsión ampara.
Negarlo obligaría a aceptar el recrudecimiento de estériles luchas sociales que agotan esfuerzos valiosos y envenenan los espíritus más serenos, perturbando con sus consecuencias, la paz social. La incomprensión recíproca al retardar soluciones, atrasa el progreso moral y material de la Nación, Por eso buscamos la unidad de los argentinos por medio de la mutua comprensión de justas necesidades y legítimos intereses.
Promulgamos un nuevo instrumento de amparo que completa la legislación jubilatoria y de retiro. Es un paso hacia la solución integral de los problemas de la seguridad social que el país y la época reclaman, Para alcanzar adecuadamente dichas soluciones se acaba de estructurar el Instituto Nacional de Previsión Social.
Los derechos fundamentales de la persona: vida, cultura espiritual y profesional, vivienda y salud, alimentación, educación física y vestido, deben ser alcanzados por todos los argentinos.
El Estado no puede permitir que la falta de recursos impida el logro pleno del destino humano. Por eso insistiremos en la necesidad de ponernos de acuerdo sobre lo esencial. Sobre lo que es inherente a nuestro destino histórico para proclamar que ha llegado la hora de establecer los puntos básicos que sean prenda de unión de todos los argentinos.
Es probable que quienes no tengan suficientemente encarnados estos sentimientos, puedan disentir con las disposiciones presentadas pero, en las soluciones de conjunto, juegan más las necesidades de la comunidad que el egoísmo efímero de unos o la imprevisión circunstancial de los otros.
Algunos pensarán que la jubilación de los empleados de comercio puede incidir desfavorablemente en lo que se ha dado en llamar “nuestra inflación”, que yo califico como el cumplimiento de un deber de gobierno de poner al día sueldos y salarios que estaban en permanente retardo de acuerdo con las necesidades vitales de una gran masa de trabajadores del país.
El sueldo mínimo y el salario vital, deben ser determinados por lo que los ingleses llaman “línea de la vida”. Esta consiste en el equilibrio del sueldo o jornal con las necesidades mínimas de la subsistencia en condiciones dignas.
Los que se encuentran debajo de esa línea son los “sumergidos”, que deben compensar la falta de salario vital, con privaciones y penurias que, en último análisis, inciden sobre la salud física o espiritual.
Los que se encuentran sobre esa línea de la vida, son los “emergidos”, a quienes la fortuna ha favorecido y que, en muchos casos, dilapidan el exceso de su haber para satisfacer otros excesos.
La tarea de gobierno en la política social, debe tender a que nadie, o por lo menos el menor número de hombres de trabajo, se encuentren en la condición de “sumergidos”.
El standard está representado casualmente por esa línea de la vida. Cuando se habla, en consecuencia, de “standard de vida”, no se trata en caso alguno, de hombres que están por debajo de un salario vital. Es elemental obligación del Estado moderno el propugnar por todos los medios la existencia de un standard de vida adecuado para todos los habitantes, el que estará en razón directa con la economía nacional, el trabajo individual y la organización adecuada del país que permita llegar a la más perfecta coordinación y equilibrio económico social.
Es incuestionablemente cierto que el mejoramiento de las masas trabajadoras, necesita de toda una potente economía que lo respalde. De ello se infiere la necesidad de un permanente coordinamiento integral de las fuerzas económicas y la conveniencia de establecer en estrecha coordinación los planes necesarios para evitar el debilitamiento económico o el desequilibrio social.
Es también necesario aceptar como innegable que cuando los precios suben en el mercado interno, ello obedece a dos causas determinantes: a la inflación natural (por aumento de los costos de producción, circulación o comercialización) o simplemente a la especulación.
Si el precio sube como consecuencia de la inflación natural, no queda otro remedio social que aumentar los sueldos y salarios para compensar, impidiendo que una gran masa quede en condición de “sumergidos”.
Si el precio sube como consecuencia de la especulación, es menester bajar el precio.
Cuando iniciamos la tarea de reivindicar socialmente a los trabajadores e instaurar una verdadera política social, destinada a dignificar el trabajo humanizar el capital y asegurar una más justa y equitativa retribución al trabajo, analizamos en primer término la situación económica.
Nos encontrarnos entonces con una inflación ya insinuada en casi todos los artículos de producción nacional y en muchos de los de primera necesidad. Influía, también, grandemente en ello, la exportación que durante el tiempo de guerra había aumentado considerablemente, influenciando los precios del mercado interno.
Era necesario: o aumentar los sueldos y salarios o disminuir drásticamente los precios a su nivel de preguerra, ya que no podía justificarse sino en una mínima parte un aumento por las consecuencias directas o indirectas del estado le guerra en Europa.
Es indudable que convenía meditar bien el asunto. Después de mucha reflexión y profundo análisis general, sólo general, porque se carecía de estadística exacta que permitiera cálculos de costo de producción, etcétera, nos decidimos, por un aumento general de sueldos y jornales, aceptando el riesgo de provocar cierta apariencia momentánea de inflación, por razones morales de la población y en compensación a la larga explotación sufrida por una gran parte de la masa laboriosa. Sin embargo, pensé que una vez aumentados los salarios y sueldos, podríamos bajar los precios a su nivel.
Para detener, esa inflación artificial de precios, ya en ese momento se fijaron por decreto los precios máximos a los artículos de primera necesidad de alimentación y vestuario. El corolario de esto debe ser una baja sistemática que hoy se ha iniciado.
La inflación de que se habla no es tal inflación porque los sueldos y los salarios eran extraordinariamente bajos en comparación con los beneficios patronales y sólo por excepción habíanse fijado de acuerdo a las condiciones mínimas de vida; porque la rebaja de precios ha de producirse ya que no tienen justificación; porque la inflación general ha sido momentánea y poco a poco volverá al estado natural.
Existe una absoluta relación entre la economía interna y la política y la realidad internacional. De ello surge la necesidad de poner en coincidencia las necesidades y posibilidades de ambos campos. Es menester aprovechar al máximo el poder de los intereses económicos paralelos y tratar de neutralizar las corrientes de los intereses contrapuestos o negativos.
Por eso el problema es primero de coordinación de lo interno con lo externo y luego de organización de la riqueza.
Es indudable que terminada la guerra, nuestra industria y nuestro comercio, sufrirán una aguda crisis, como consecuencia de no poder mantener la actual exportación. Tal vez la producción agropecuaria también sufra las consecuencias de lo mismo.
Hoy el país produce casi el doble de lo que consume. La producción, la industria y el comercio, viven una prosperidad artificial como consecuencia de una exportación anormal. Terminada la guerra, deberán volver a su cauce natural, y de ello se infiere que un mayor o menor grado de paralización, con su consecuencia la desocupación, se producirá no sólo en la industria sino también en menor escala, en la producción y el comercio.
El aumento general de sueldos y jornales comenzará entonces a actuar con el aumento del consumo interno, como regulador de este desequilibrio.
Los productores, industriales y comerciantes que durante la guerra han logrado excepcionales beneficios, deberán comenzar a pensar que deben conformarse con ganancias más normales y apropiadas. A ello se unirá que el aumento de consumo por las mejoras de sueldos y salarios, permitirá compensar en algo la falta de exportación.
Una mejor regulación, racionalización, y organización económica llevará al equilibrio sin peligrosos saltos en forma de mantener la tranquilidad y suavidad de las formas, actuando sobre la exportación y consumo en relación con la producción, industria y comercialización general.
Es menester que una acción planificada y altamente racional sea capaz de crear verdaderas medidas trascendentales, que sean capaces de actuar como “elásticos y amortiguadores” para evitar los fuertes “barquinazos” de la inflación y de la deflación. .
La industria puede resistir bien cualquier peligro cuando se trata de industrias naturalmente desarrolladas y cimentadas. Las protegidas por razones justas, resistirán también con el apoyo del Estado. Las ocasionales o ficticias podrán morir o desaparecer sin grave riesgo de perturbar la economía general. Será necesario prever todo ello, para amortiguar los efectos.
El aumento de consumo, permitirá en gran parte defenderse a muchas industrias, si los industriales se conforman con ganancias normales aun pueden resistir pequeñas pérdidas ocasionales hasta que el mercado se estabilice.
El comercio seguirá las fluctuaciones por reflejo. El externo está gravemente amenazado en lo que se refiere a productos industriales; no así en lo que se refiere a los agropecuarios.
El comercio interno no ha de variar mayormente salvo el aumento que, pueda influenciar un mayor consumo y el abaratamiento por un aumento.' natural en la oferta, de lo que no pueda o no deba exportarse.
En cambio, a largo plazo, si no sobrevienen cuestiones internacionales extraordinarias, es de esperarse una tonificación comercial en lo externo y en lo interno.
La producción noble, como que representa la verdadera riqueza, será sin duda la que ha de cuidarse especialmente.
La ganadería, de gran prosperidad actual, tiene asegurada la colocación de sus saldos exportables. Con ello su situación no cambiará en forma decisiva en el quinquenio de posguerra.
La agricultura, en cambio, ha sufrido y seguirá sufriendo especialmente, si la industria plástica no comienza a insumir gran parte de la producción agrícola.
Es menester pensar en que el Estado ha de empeñarse a fondo para salvar el agro y estabilizar la vida y producción a más de medio millón de productores y sus familias.
Ello entraña un problema de fondo, sin cuya solución no podrá seguirse sosteniendo el orgullo de ser el “granero del mundo”.
El problema de la tierra debe ser encarado en serio, pues la ley 12.636 es una irrisión y un escarnio más del pobre chacarero. El problema argentino esta en la tierra: “Dad al chacarero una roca en propiedad y él os devolverá un jardín; dad al chacarero un jardín en arrendamiento y él os devolverá una roca”.
La tierra no debe ser un bien de renta sino un instrumento de producción y de trabajo.
La tierra debe ser del que la trabaja y no del que vive consumiendo sin producir a expensas del que la labora.
Nuestras perspectivas no son tan negras como algunos quieren hacer creer.
Hoy la Argentina es el paraíso del mundo, y lo seguirá siendo si estamos unidos, nos despojamos del egoísmo y nos convencemos de una buena vez de que la felicidad no depende tanto de poseer gran riqueza, como de no ambicionar lo innecesario.
Dentro de nuestras posibilidades actuales, la ley de jubilación de los empleados de comercio no puede producir sino bien por ser la imposición justa y equitativa de un imperativo de justicia social.
Defiendan ustedes mismos esta conquista contra los que tratarán de impugnarla y el tiempo les dirá de la razón de éstas mis palabras.
El porvenir de la patria, dependerá de la seguridad social de sus habitantes. Para ello crearemos los medios protectores de la masa trabajadora argentina. Esta acción nuestra será combatida. Pero advierto que a esa resistencia opondremos la energía capaz de extinguirla.
Vosotros, los trabajadores manuales e intelectuales del comercio, actividades afines y civiles, tenéis ya vuestro régimen de previsión social. Se trata de un derecho conquistado con esfuerzo. Espero que lo defendáis con amor y tenacidad
JUAN DOMINGO PERÓN

jueves, 12 de septiembre de 2019

Se cumplen 49 años de esta carta de Perón al compañero José Ignacio Rucci





Madrid, 12 de setiembre de 1970.

Al Sr. José Rucci Buenos Aires.

Mi querido compañero:

Por mano y amabilidad del compañero Lorenzo Miguel he recibido su carta del 2 pasado y le agradezco su recuerdo como el saludo que retribuyo con mi mayor afecto.

Quedo en claro sobre las juiciosas consideraciones que me hace sobre los distintos aspectos del quehacer de la Central Obrera y de las "62 Organizaciones" en función de los objetivos del Movimiento Peronista. Tengo un concepto claro sobre sus aptitudes y sentimientos, de manera que no tiene importancia ninguna demora en hacerme llegar sus informaciones sobre lo que allí sucede en relación con la C.G.T. Sé que la conducción está en buenas manos y tengo la mayor confianza en que todo ha de ser a favor del Movimiento que a ambos nos promueve.

He escuchado la cinta magnetofónica sobre su exposición en las "62 Organizaciones", que me ha producido una gran alegría, como asimismo la seguridad de una absoluta cooperación entre la Central Obrera y el Movimiento, lo que ha de ser sin duda en beneficio del Pueblo y, en especial, de la masa trabajadora, por los cuales venimos todos los peronistas luchando desde hace ya veinticinco años. La afirmación de una colaboración semejante a través de las "62" órgano gremial del Peronismo- es suficiente garantía como para que en el futuro podamos tener la seguridad de un éxito absoluto.

Es indudable que, dada la situación, estamos frente a un problema eminentemente político que es preciso despejar cuanto antes, sin dar tiempo a nuestros enemigos para una dilación en el tiempo que, utilizada bien por ellos, puede frustrar muchas de nuestras intenciones actuales, basadas más que nada sobre las condiciones ampliamente favorables que se presentan. En el campo social también existe un grave problema que no está en manos de la dictadura solucionar si, como intenta, persiste en mantener las actuales condiciones de la economía de neto corte reaccionario.

Ambas circunstancias pueden sumar posibilidades favorables a nuestro designio si sabemos utilizarlas de común acuerdo y coordinadamente, accionando sin pérdida de tiempo en el campo sindical, por justas exigencias y reivindicaciones indispensables, como en el campo político, por una acción convenientemente realizada que ponga en el tapete las exigencias populares y nacionales hacia una normalización institucional, por la que todos los argentinos claman en las actuales circunstancias.

Pero, ambas acciones, tienen un límite en el tiempo para que se puedan utilizar de consumo y, en consecuencia, imponen a nuestro quehacer un entendimiento y una cooperación en el tiempo y en el espacio, sin el cual la dictadura militar puede batirnos por separado. Nunca como ahora se ha dado la circunstancia de que el factor político y el gremial se encontraran coincidentemente superpuestos en forma de permitir la mejor acción común. Si es cierto que "a la ocasión la pintan calva", nada podría justificar el que no la aprovecháramos de la manera más conveniente. '

Por otra parte, una acción común -suficientemente disimulada— nos permitiría accionar con ventajas para lo sindical como para lo político, sin que existiera la posibilidad de que fuéramos acusados falsamente, ni la Rama Política ni la Rama Sindical del Movimiento. En cambio, la acción convergente en ambos campos de la lucha, acarrearía ventajas sorprendentes para alcanzar éxito. De la misma manera, una acción común como la indicada, permitiría graduar el esfuerzo armónicamente entre los campos político y social, como para que no nos viéramos obligados a exagerar la violencia.

Todo ello me hace pensar en la necesidad de articular un plan conjuntamente por la C.G.T. y las "62 Organizaciones" en forma de poder unificar el esfuerzo mediante un mutuo apoyo que no puede ser sino favorable a ambas partes en sus respectivos objetivos. Siendo así, ni la C.G.T. tiene necesidad de intervenir en el campo político en forma obstensible, ni el Movimiento Peronista sentirá la necesidad de hacerlo en el campo sindical, en tanto se sentirán los efectos del mutuo apoyo en la lucha de conjunto.

Es indudable que, en las actuales circunstancias y dada la situación existente, las dos fuerzas mayores que accionan en la República están representadas por la Confederación General del Trabajo y por el Movimiento Nacional Justicialista. En consecuencia, las mayores posibilidades de éxito están en sus manos pero, para que ello sea realmente utilizado, es preciso proceder a una operación bien planeada, de conjunto, que permita alcanzar la mayor unidad de concepción y de acción, por una conducción acertada y una armonización lo más perfecta posible en su ejecución. Es para ello entonces que debemos preparar a todos nuestros dirigentes de conducción y encuadramiento, en forma que la masa que representamos en lo político y en lo sindical pueda jugarse en el momento oportuno con decisión y unánimemente.

Ello impone que toda disención interna o personal ha de subordinarse a la necesidad operativa y que los comandos de conducción sepan accionar por sobre las pequeñeces que toda acción política o sindical presuponen en la elección de las formas y los medios de ejecución. Vivimos momentos demasiado graves y circunstancias suficientemente decisivas como para que debamos superar lo secundario en beneficio de lo fundamental.

Me han visitado los compañeros de la Comisión Directiva de las "62 Organizaciones", con quienes he conversado largamente sobre estos temas y cuestiones y veo una casi total coincidencia sobre la idea operativa que, en general, veo que coincide con lo considerado por la C.G.T. en el documento de que ha sido portador el compañero Miguel. En este documento se ha consignado casi textualmente el contenido de las ideas justicialistas que, desde hace veinticinco años, venimos sustentando y que aplicamos durante los diez años de nuestro Gobierno, de manera que no puedo sino estar en completo acuerdo con su contenido y objetivos.

He notado que cuanto se anota en dicho documento, de indudable valor socio-económico, se trata de objetivos a alcanzar a largo plazo y mediante formas de ejecución que, mientras esté la dictadura militar (con sus objetivos diametralmente inversos) no se podrán realizar de manera alguna. De modo que, mientras no se solucione antes la situación política, será predicar en el desierto. Por eso pienso que, frente a tan atractivos fines se oponen los intereses, pasiones y designios de los intereses servidos por los agentes putativos de las fuerzas de ocupación que actualmente dominan los resortes del Estado. Si antes no hacemos lo necesario para desalojar de los diversos estamentos estatales a los que sirven los intereses foráneos, será ilusorio pensar en realizar lo que corresponde a la nacionalidad y en especial al Pueblo Argentino.

Esto parecería indicar que previo a cuanto se expone en el documento mencionado es que nos pongamos en condiciones de hacer cuanto allí, con evidente buen juicio, se aconseja. Para ello, nos "queda el rabo por desollar", nada menos y nada más, que tomar el poder. En tales condiciones, el buen juicio aconseja elegir un objetivo preciso y sobre él actuar decisivamente por los medios más directos. Perseguir desde ahora varios objetivos nos puede llevar a la situación del que corre a dos liebres a la vez, que termina por no dar alcance a ninguna.

En mi concepto, lo que ahora corresponde acometer, es la forma de obligar a la dictadura militar y a las fuerzas que la imponen a normalizar institucionalmente el país llamando a elecciones que puedan terminar con el cumplimiento de la voluntad soberana del Pueblo. Desde ese momento se habrá podido alcanzar la posibilidad de que todos, sin excepción, nos pongamos a trabajar en la reconstrucción del país que ha sufrido quince años de verdadera guerra destructiva de todos sus bienes materiales y espirituales. Pedir al Pueblo Argentino una acción semejante en las actuales circunstancias será como pedir peras al olmo. Tampoco yo me incorporaría a una cosa semejante, porque no quiero hacerme pasible de una ingenuidad semejante.

Lo que creo que debemos hacer es escalonar nuestros objetivos en el tiempo: comencemos por articular la lucha para alcanzar la posibilidad de destruir el orden (o desorden) imperante y luego pensemos en la posibilidad de establecer el objetivo general tan bien expuesto en el documento que tengo el placer de comentar. Lo que debemos en consecuencia establecer es la acción inmediata con la finalidad de desmontar el poder usurpado al Pueblo mediante la acción de las Fuerzas Armadas erigidas en poder civil y político sin el menor derecho ni la menor capacidad (según venimos comprobando desde hace quince años de su poder arbitrario y omnímodo.)

Para ello podemos contar no sólo con el Pueblo mismo sino también con fuertes fracciones de las mismas Fuerzas Armadas que no comparten de manera alguna la actual ignominia de la fuerza, como los sectores activistas ya preparados para la lucha activa. Sería demasiado ingenuo pensar que los actuales agentes nacionales o extranjeros en el poder, van a hacer lo contrario de sus designios, por el hecho de que nosotros y el Pueblo se lo pida. Debemos tener la más absoluta convicción de que si recomenzamos por arrojarlos del poder, por las buenas o por las malas, nada de cuanto pensamos nosotros se podrá realizar en la República.

Es precisamente ello lo que me induce a pensar que debemos suspender nuestros buenos deseos y aspiraciones hasta el momento en que podamos realizarlos y ese momento comienza cuando hayamos arrojado del poder a los usurpadores y hayamos tomado nosotros el poder. Para eso es que debemos ahora planificar nuestra acción inmediata y realizarla sin pensar en otra cosa. Logrado este primer objetivo, recién podremos comenzar a pensar en lo mediato. Hacer lo inverso es "atar los caballos detrás del carro".

Yo sé como piensa Usted con respecto a las relaciones entre la C.G.T. y las "62 Organizaciones" y sus juicios, anotados en su carta al respecto, los comparto en absoluto. Por eso pienso que, en la larga y difícil tarea que tenemos por delante, todo es propicio a la mejor planificación y ejecución y ello me alienta entusiastamente. Quiero hacerle llegar, junto con mi enhorabuena, mi felicitación por su indiscutida lealtad al Movimiento y a los fines que, desde él, todos servimos o debemos servir. Usted es un hombre de clara ejecutoria y su prestigio como dirigente, es producto de una conducta nunca desmentida en muchos años de actuación peronista.

Le agradezco mucho las informaciones que me hace llegar y le ruego que salude a los compañeros de la Comisión Directiva de la Confederación General del Trabajo y acepte, junto con mi saludo más afectuoso, mis mejores deseos de éxito y de ventura personal.

Un gran abrazo.

Firmado: Juan Perón.

martes, 2 de julio de 2019

Se cumplen 69 años de esta carta de Perón al compañero Norberto Gorostiaga





Carta al Sr. Norberto Gorostiaga 2 de julio de 1950

Escrito por Juan Domingo Perón.

Buenos Aires, 2 de julio de 1950

Año del Libertador General San Martín

Al Sr. Norberto Gorostiaga.

Capital Federal

Estimado amigo:

Agradézcole íntimamente las cartas de histórica significación que usted ha tenido la gentileza de enviarme para corroborar en forma incuestionable cuánto he afirmado acerca del origen de la doctrina que culminó con el Tratado del A.B.C.

No me ha sorprendido la prentedida réplica del diario local "La Nación".

Estos diarios opositores a mi gobierno esperan ansiosamente que yo les dé una oportunidad para recuperar el arbitraje de la verdad, del que durante tanto tiempo dispusieron a su antojo y que ahora perdieron ya irremisiblemente.

"La Nación" ha creído que ésta era la oportunidad, pero ni tampoco esta vez ha tenido esa suerte. Como no la tendrá nunca a mi costa.

Las cartas que usted me ha enviado, certifican claramente la brillante actuación de su señor padre, que siendo ministro argentino en Brasil, con fino tacto y decidida e inteligente visión, colaboró en la política del A.B.C., propuesta por el gran Canciller brasileño.

Esta es la verdad que no se podrá desmentir con frases, que nada significan cuando no reflejan fielmente los hechos.

Nada queremos para nosotros que no sea estrictamente lo nuestro y en este aspecto, como en todos los que caracterizan a mi Gobierno, y a mi actuación pública, he dicho siempre la verdad.

Renuévole el testimonio de mi más sincero reconocimiento y aprovecho el motivo para expresarle mi más" distinguida consideración y particular estima.

Firmado: Juan Perón.

miércoles, 5 de junio de 2019

Se cumplen 62 años de esta carta de Perón a Cooke





Carta a John W. Cooke 5 de junio de 1957

Escrito por Juan Domingo Perón.

Caracas, 5 de junio de 1957

Señor Dr. D. John W. Cooke, Santiago.

Mi querido amigo:

Aprovecho el viaje del amigo González Torrado para hacerle llegar mis noticias y él podrá también traer las suyas.

Por las informaciones que recibo, la situación permanece estable, dentro de las características impresas en los últimos tiempos. Los políticos se mueven pero, el panorama lejos de aclararse se obscurece aún más. Las condiciones de vida, en nuestro Pueblo parece que tienen preponderante influencia, se acentúan peyorativamente y, el ambiente militar gorila, aunque aparentemente tranquilizado, está en efervescencia. Corren numerosos rumores de uno y otro lado En lo tocante al Movimiento Obrero, las cosas no sólo no han mejo­rado para la canalla dictatorial sino que se mantiene un estado la­tente de protesta y malestar. La resistencia se mantiene pero sin intensificarse y las organizaciones nuestras progresan lentamente, obstaculizadas por la acción de la dictadura y los políticos que tra­bajan a la masa con fines electorales.

He recibido la siguiente información, proveniente de un médico de Magdalena: "En el mes de junio estallará un movimiento revo­lucionario para derrocar al Gobierno de Aramburu. El Comando esta­ría formado por Rial, Krausse y Bengoa. Los militares bengoístas llegaron a un entendimiento con los que están presos en Magdalena. Los bengoístas aceptaron la reivindicación del Partido Peronista, li­bertad de todos los presos, amplia amnistía, etc. Sólo pidieron y fue aceptado por los presos de Magdalena, que no volvieran más al país los principales dirigentes del Peronismo. Las elecciones se realizarían a los 90 días. El apoyo civil lo daría el grupo Frondizi que está dando mucho dinero a las familias de militares de dentro y fuera del país". Hasta aquí la información. Puede ser un rumor más pero, dentro de la situación actual no es descabellado pensar que pueda haber algo a este respecto. Es indudable que, si fuera cierto, éstos están especu­lando con la difícil situación actual y tratan de asegurar la elección de Frondizi, como una manera de cubrir sus espaldas sin recurrir a las violencias que intenta Aramburu o a un fraude descarado.

Quien sabe si ésta no es una oportunidad para nosotros. De pro­ducirse se presentaría un momento de caos absoluto en todo el país y tal vez hubiera lucha en algunas partes, en cuyo caso nuestra gente podría intentar la paralización total y tratar de copar la situa­ción con todo lo organizado. Si ello no fuera posible, esta sería una etapa más de la descomposición dictatorial, a condición que nuestras organizaciones se mantuvieran firmes y adelantaran su preparación en todas partes. Yo no tengo la menor duda que, dada la situación presente, si fuera posible dar la orden a todos, se podría hacer cual­quier cosa. Pero, desgraciadamente, no estamos preparados, ni en condiciones de utilizar enlaces y comunicaciones seguras, fehacientes y rápidas. Por eso, creo que hay que tratar por todos los medios de resolver este problema, cosa que yo no puedo hacer solo desde aquí.

En estos últimos tiempos, la dictadura ha intensificado la pre­sión sobre los países limítrofes, a fin de perseguir a los exilados. El caso de Bolivia se ve afirmado con lo que está ocurriendo en Brasil donde también parece que 3e comienzan a tomar algunas medidas tendientes a cortar la libertad de los asilados. No tengo la menor duda que todo esto será, ineficaz, si los muchachos siguen adelante pesar de las medidas y que dentro de poco tiempo todo este malestar habrá caído en el olvido, pero hay que pensar que es necesario estar vigilante y listo para actuar porque parece que los acontecimientos puede precipitarse en este mes de junio o en julio.

Yo soy demasiado observado, visible y cualquier desplazamiento mío, mete gran revuelo y mueve muchas acciones. Por eso mi des­plazamiento no puede ser solución. En cambio, ustedes serían de ex­traordinario valor, porque nuestra gente sabe que están conmigo y que tienen una misión, especialmente usted que nadie duda que está autorizado por mí para actuar. El inconveniente está precisamente en que la gente no quiere aceptar las disposiciones si no son mías y des­confían de todo, aun de lo escrito, que puede ser falsificado.

Yo he ideado una credencial, que le mostrará González Torrado, que podría extenderse a todos los dirigentes autorizados y que pu­diera servir a los fines indicados y reproducirse en forma conve­niente. Por eso creo que la reunión nuestra debe hacerse cuanto antes. En esa reunión me gustaría que estuviese usted pero, no sé aún cuánto tardará la dilucidación del asunto extradición. Creo que tenemos tiempo pero, me temo que éste pase y la situación pueda precipitarse imprevistamente y las soluciones queden sueltas en caso fortuito que también puede presentarse.

Frente a todas estas posibilidades creo que sería indispensable hacer llegar a nuestra gente instrucciones al respecto, lo que se podría hacer desde allí por la premura del tiempo, lo mismo que desde el Brasil donde el Dr. Méndez San Martín y Spachessi están en con­diciones de hacerlo. A ellos les he adelantado la orden de hacerlo pues la noticia que le transmito sobre lo de junio, es de esa proveniencia. Si nuestra gente está informada y aconsejada, no tendrá motivo de equivocación posible.

Todo lo anterior se ha de complementar con las publicaciones peronistas que comienzan a aparecer como hongos en todas partes. Si, como se anuncia, se levanta el Estado de Sitio, habrá llegado la oportunidad de accionar más libremente y también para esto es nece­sario coordinar lo necesario. De las numerosas publicaciones que me llegan (periódicos y revistas) saco en conclusión que la gente está bien en la onda en muchos casos, si bien se encuentran un poco mez­cladas las cosas. Sucede como en el caso del cuento del torero que "las opiniones estaban divididas", unos "se cagaban en su madre y otros en su padre". A la dictadura le pasa lo mismo, las opiniones del país están divididas también pero, todos están en su contra. El peligro es que también se termine por olvidar que tan gorilas o más son Rial, Krausse y Bengoa, que los actuales.

El odio a la actual dictadura se ve aumentado por las conse­cuencias que sus despropósitos gubernativos y las consecuencias en lo económico, ya que mucha gente siente y piensa con el bolsillo o el estómago. Hace pocos días llegó hasta Caracas un gran financista que regresaba de Buenos Aires a los Estados Unidos y me hizo llegar su deseo de hablar conmigo. Lo recibí y me dijo que la situación en la Argentina era hasta tal punto caótica, que regresaba, después de hablar con Aramburu, con el propósito de no invertir, por ahora, un solo centavo allí. Que en una conversación que Aramburu sostuvo con un grupo petrolero y de financistas, les había dicho: "de los peronistas no se preocupen' porque los vamos a matar a todos a tiros''. Estos hombres, que habían recibido en la calle la sensación unánime de un peronismo extraordinario, terminaron por coincidir en que este Aramburu era un loco.

Este mismo señor me dijo que esperaba que pronto regresara yo al país y que entonces quería viajar nuevamente a la Argentina para estudiar seriamente fuertes inversiones. No me interesan las inver­siones pero sí el juicio de esta gente que ve imparcialmente las cosas. Estamos también trabajando fuerte todo lo que se refiere a los Es­tados Unidos porque, ni hay que negar, ni hay que afirmar pero, es innegable que la influencia de éstos es decisiva en el Continente, ya que todos no tragan a los "buenos vecinos" pero todos los mastican, pol­lo menos. Creo que si no conseguimos su apoyo, por lo menos conse­guiremos que no apoyen a la dictadura. Hace pocos días el doctor Paz me visitó y en coordinación con otras personas importantes, está trabajando activamente en esto.

La acción de la dictadura se desvanece en todas partes al apa­recer la verdad de las cosas porque, si bien hay gente que tiene partido tomado y no se influencia por la verdad, hay muchos otros que se deciden por esa verdad. Hace pocos días, el 25 de mayo, gente de la Embajada Argentina en Caracas, colocaron una bomba de tiempo en mi automóvil y me lo destruyeron completamente. Mi chofer Gilaberte se salvó milagrosamente. El Embajador se apuró a decir que me la había colocado yo mismo, lo que cayó aquí muy mal y le restó el poco respeto que, de su menguado prestigio, podía quedarle. Yo, naturalmente, aproveché la ocasión y pedí autorización al Gobierno para contestarle, lo que se me acordó con placer porque aquí nadie lo quiere y menos aún a la dictadura argentina. Ese permiso lo pedí porque, aunque no lo necesitaba, quería tener el "OKEY" del Gobierno, que prácticamente me asociaba. Mi comunicado fue leído y apro­bado con anticipación, lo que me colocó en situación de preeminencia y franca ventaja para el caso que el Embajador contestara nuevamente pero, su situación era tan precaria que optó por meter violín en bolsa. Usted verá por la que le adjunto, que mi contestación era bastante fuerte, come para que me contestara, que ora lo que yo quería, porque todos los diarios habían dado gran publicidad a lo anterior. Me quedé con las ganas, aunque el primer partido fue todo un robo.

Hemos comprobado la existencia de gran número de gorilas y en la Embajada se ha formado una verdadera cueva de pistoleros, capitaneados por un capitán Giménez, que fue el torturador máximo de Córdoba, conocido con el alias de "Cantinflas" porque se parece al célebre cómico mejicano. Este individuo parece que ha venido con la orden de atentar contra mí, para lo cual se lo habría nombrado auxiliar del Agregado Militar a la Embajada. Con motivo del atentado, Seguridad Nacional ha hecho pasar por allí a todos los sospechosos argentinos que se encuentran en Caracas y la cosa se les ha puesto fea. Todos, incluso Giménez, están con vigilancia, lo que quiere decir "en capilla" y según me han dicho, el Gobierno le ha hecho saber al Embajador que él es responsable de la vida del General Perón. Sin embargo, yo me cuido bien. Desde el atentado han desaparecido los que merodeaban cerca de casa, lo que es una lástima porque está­bamos esperando para detenerlos oportunamente. El Jefe de Segu­ridad, don Pedro Estrada, un excelente amigo, nos ha dado una credencial de la Repartición por la cual podemos detener a cualquiera y en ella se recomienda a todas las autoridades que nos presten la cooperación que requiramos. Usted ve que hemos salido ganando.

Con estos hechos ya le "hemos puesto una buena tapa" a estos imbéciles que pretendieron trabajar aquí de vivos, veremos en el fu­turo de evitar su peligrosidad, anularlos y destruirlos totalmente. Recién ahora tengo la sensación de que tratan de eliminarme de cual­quier manera, por lo que veo aquí. No creo que lo logren porque noso­tros tampoco somos mancos. Sólo un fanático que se la quiera jugar puede hacerlo y no creo que ellos tengan más que hombres pagos para realizar la causa. Con hombres pagos no irán lejos. Sin embargo nos cuidaremos de todo, pero sin extremar las cosas innecesariamen­te. Por lo pronto hay suficientes antecedentes en la policía de aquí, como para que las cosas se sepan a tiempo y, si ésta no descuida la vigilancia, poco pueden hacer sin que lo sepamos a tiempo, que es lo principal.

Le he escrito una carta a Jorge Antonio en la que le aconsejo varias cosas. Entre ellas que debe decidirse a actuar de frente y jugar la partida con nosotros. No le diga usted nada, que yo le he hecho referencia, porque se trata de una cuestión absolutamente personal pero, deseo que usted sepa que lo he hecho. Jorge Antonio está en una situación un poco indecisa, como es lógico para él, después de todo lo ocurrido y es necesario un poco de estímulo para hacerlo reac­cionar como corresponde. El no sabe mucho de política, aunque apa­rentemente quiera demostrar lo contrario, sabe que en este momento sus empresas y sus negocios cuentan poco frente a la situación crea­da en la Argentina. El tiene sólo una carta que jugar: la nuestra. Si se equivoca o no se decide a tiempo puede serle muy perjudicial Nosotros debemos ayudarlo y decidirlo, es lo que me parece a mi.

No sé cómo son sus relaciones con él pero, creo que conviene que trate por todos los medios de evitar rozamientos y diferencias. Es un hombre bueno, aunque naturalmente está lleno de prejuicios, después de lo que le ha pasado. Sé que en su espíritu hay un sinnú­mero de tribulaciones naturales en su caso, cuando observa que ha sido traicionado por su propia gente en algunos casos y, en otros, no le han informado bien, haciéndolo aparecer mal ante los únicos que pueden tener intereses e ideales comunes con él. Es un hombre leal y, en consecuencia, no puede aceptar una situaci6ón semejante. Metido dentro del maremágnum de cosas no debe ver muy claro el panorama o, por lo menos, no lo puede ver tan claro como lo " vemos nosotros que sólo tenemos el pensamiento en la solución de un solo problema: el político.

Todo ello es humano y usted puede comprender tan bien como yo. que se trata de utilizar un hombre bueno y que para ello debemos proceder con grandeza en todo lo que sea solidaridad peronista. Yo sé que los hombres son difíciles pero, si nos atenemos a pequeñas cosas, se vuelve todo difícil en la acción. Cada uno de nosotros tene­mos nuestros defectos, tolerarles a los demás es hacer propicio a que nos toleren los nuestros. En este sentido yo puedo aconsejar, porque he vivido tolerando. A los sesenta y pico, es más fácil hacerlo que a los 35 o 40, pero ello forma parte de la experiencia, que es un sec­tor de la sabiduría, quizá el más importante, porque cuesta cara y llega tarde.

Yo sé de su ponderación y tolerancia y por eso me atrevo a de­cirle cuanto antecede. Sólo deseo que le sea posible hacerlo.

Allí está también Espejo y Gomiz que, con otros muchachos quieren trabajar - en la parte gremial: "hay que darles vapor" porque todo es necesario en los días que vivimos y ellos son muchachos metedores que, cargados con una fuerte dosis de odio, producto de su sufrimien­to, puede ser de una utilidad inapreciable en los momentos actuales, Por otra parte, nadie puede objetarles que no se hayan portado bien en la emergencia. Por eso creo que hay que impulsarlos al máximo. Espero que se haya constituido y arreglado el Comando de Exilados de Chile y que todo se pueda ir llevando adelante con mayor impulso. Si un día ustedes pueden llegarse hasta aquí, tendremos allí algo bien organizado funcionando, lo que facilitará grandemente la conducción general, aunque, como sea el momento presente, pueden fallar otras partes. Me han dicho que Kelly desea ir a la Argentina: creo que es una temeridad porque, si lo agarran, lo matan. En cambio, él desde afuera, puede dirigir a sus muchachos sin peligro y con más eficiencia de conjunto. Los hombres de la Alianza son decididos y valientes, or­ganizados y disciplinados que, con poco pueden ponerse en pié de guerra y ser un elemento valioso en la insurrección. Han sufrido mu­cho, otros han muerto, pero los que quedan tienen tanto odio acumu­lado que, eso transformado en fuerza motriz, puede mover monta­ñas. El debe pensar en todo eso y tratar de buscar la solución que más convenga a nuestros planes de conjunto y no perderse en acciones aisladas o circunstanciales que pueden ser muy valientes pero no siem­pre de amplia utilidad para la decisión general.

Espero que termine pronto la parodia de la Justicia chilena y, terminado el sainete, puedan ustedes trasladarse sin pérdida de tiem­po a este país donde las posibilidades de todo orden son mayores que en cualesquiera de los otros. Aquí podremos, entre todos, organizar mejor de lo que yo no puedo por razones de tiempo y actividad. La ca­nalla dictatorial sabe que, el Gobierno de Venezuela, no le da ni la hora y que toda protesta será desestimada y archivada y, el ambiente, está propicio para que, si la dictadura insiste, la manden aquí al diablo. Este es, en consecuencia, un buen emplazamiento para un Cuartel General que, entre otras ventajas, cuenta con posibilidades de trabajar en otras cosas para hacerse de fondos necesarios para vivir y combatir.

Podríamos también movernos para organizar mejor los Comandos de Exilados, por si la cosa dura más de lo previsto, haciendo así posible una actividad más orgánica que la actual y con mejores co­municaciones y enlaces. Por otra parte, munidos de credenciales insospechables podríamos ir llegando al interior del país con hombres y directivas más precisas y constructivas. Yo solo, realmente, soy impotente para todo eso, porque el trabajo material me abruma y me tapa, no dejándome pensar libremente en lo fundamental, porque debo atender las minucias que los hombres pequeños crean todos los días para desviarnos hacia lo secundario.

Le ruego que converse con González Torrado que es hombre de buenas ideas y me informe bien, por ese conducto, de cómo van las cosas allí en Chile y las posibilidades que ve en el momento actual en la Argentina, como asimismo, como van las cosas de nuestra orga­nización y preparación. Saludos a los muchachos. Un gran abrazo.

Perón